The 400 Blows ★★★★★

A Dios gracias que tengo ojos para poder ver con toda su magnificencia las aventuras de Antoine Doinel. 
Siempre me negué a verla desde que tenía 16 años cuando oí por primera vez su nombre en la canción de Luis Eduardo Aute Cine cine. Pero, creo que más bien no estaba lista, no estaba escrito en mi destino verla hasta ahora que comprendo más la miseria del mundo, los terrores que la niñez enfrenta, conocer y encariñarme más con el cine mismo para hacerlo tan mío, para después hacerlo de todos. Historias como estas son lanzadas sutilmente a los ojos de la gente sin saber que recibirán pedradas de realidad cruda y bruta. Contada desde la perspectiva de una autobiográfica historia de un tipo adepto al arte saliendo adelante en la creciente Francia de la segunda mitad del siglo XX. 
Y bien, me retuerce más la conciencia saber que si bien aquí en México no hemos tenido una guerra mundial en los talones y aún así siento que la mayoría de su gente, todos sus jóvenes buscan desesperadamente el mar; porque hay padres ausentes, padres esclavos de sus empleos paupérrimos que medio dan para comer a costa del estrés y de la violencia familiar; por la falta de educación, por vernos como burros de carga. 
Miles de niños viven como Antoine y de maneras mucho más viles. De nada sirven los psicólogos aquí si lo único que piden a gritos es amor y acercamiento a las cosas humanas y únicas como el arte y un helado de fresa, creer en ellos. 
Otra cosa fascinante es la muestra de la amistad genuina entre otro muchacho con una vida parecida a la de él, hubiera sido mil veces más miserable si hubiese pasado el calvario Antoine totalmente solo. 
La escena del final es desgarradora para mi persona, yo tampoco conozco el mar, y espero hacerlo pronto, a veces nuestras ambiciones son solamente saber que todo estará bien; junto al mar. 
Por último dejó la canción que cambió mi vida aún sin haber visto ni conocido a Antoine Doinel 
youtu.be/iYi4CBNhCxE
Hoy, he aprendido más. 🎥

Joan liked these reviews