A Ghost Story ★★★★

Una fábula romántica con elementos fantásticos e inconfundible sabor a Edgar Allan Poe y a Gustavo Adolfo Bécquer. Una de esas películas que se cocinan a fuego lento, dejando tiempo al espectador para paladear el rastro emocional que va tejiendo, al tiempo que elucubra teorías acerca de lo que está experimentando y hacia dónde nos puede llevar la historia.

Un joven matrimonio, interpretado brevemente por Rooney Mara y Casey Affleck, se rompe abruptamente por la mitad al morir él en un circunstancial accidente de tráfico a pocos metros de su casa. De manera tan inesperada como extrañamente natural, el cadáver se reincorpora de sus propios restos mortales en el hospital envuelto en una gigantesca sábana blanca, elude una especie de puerta cósmica con dirección a algo parecido al cielo y pone rumbo a su hogar, de donde no saldrá hasta que halle una críptica respuesta a su encorsetada y triste nueva realidad. Sin importar la distorsionada noción del tiempo que corra para nuestro desdichado protagonista.

En esta película se presta muy poca atención al dolor que sufre la esposa por la pérdida de su amor, más allá de una larga escena en donde derramará toda la ansiedad acumulada con una pobre tarta. Hay gente que encuentra la escena pesada, tediosa y larga. Yo creo que funciona bien y encapsula en tiempo récord, y de manera efectiva, el dolor de una persona ante tan desgraciado acontecimiento. A partir de aquí toda la atención estará enfocada, centrada y liderada hacia el fantasma. No sabemos exactamente ni "por qué" ni "cómo" está dónde está. Pero arrastramos las sábanas con él, empatizamos y sufrimos por su misterioso devenir. Nunca una silueta y una sábana con 2 agujeros habían transmitido tanta dulzura y melancolía. Nos impregna de profundo miedo; pero no uno terrorífico, sino más bien del tipo que explora los contornos de la más absoluta soledad y ausencia.

Hay dos elementos que destaco con efusividad. El primero sería la manera en que Lowery mueve la cámara. Planos muy fijos, con algunos casi imperceptibles barridos. Ayudan a que el ritmo del film mantenga ese aire pausado e introspectivo. Hay críticas que intentan poner de relieve un ritmo y manera de filmar excesivamente lánguida y soporífera. A mí me parece muy correcto para transmitir ese vacío existencial que pretende el director. El otro elemento a destacar es la música. Las composiciones ayudan y dan perfecto soporte al curso narrativo. Hay poco diálogo y muchos planos fijos y largos de un inexpresivo fantasma. Y la excepcional música de la película es elemento clave para la correcta digestión de esta mágica, sentida y existencial historia.

A unos 30 minutos del final acontece un plot twist tan inesperado como sobrio y placentero. Y a partir de ahí se empieza a despejar una X que, por la naturaleza de la historia en sí, sólo nos da pistas (de mucha calidad) para que tratemos de adivinar por nuestra cuenta el final de esta fantasmagórica historia. No habrá respuestas concretas, pero sí reconfortantes preguntas. Y a veces eso es mucho.

A24 es garantía no sólo de calidad, sino también de originalidad. Y se agradece.