Nebraska ★★★★

Nebraska es una deliciosa Road movie, donde se exhiben unos personajes cegadoramente reales. La película gira entorno a Woody Grant (interpretado por un superlativo Bruce Dern), un maltrecho padre de familia, que se encuentra en la nebulosa que divide la senilidad de la cordura. Hombre de pocas palabras, pasado opaco y afición al alcohol.

Un día, de repente, se empecina en viajar a Nebraska para reclamar un premio falso de 1.000.000 de dólares, ante la incredulidad de su esposa y sus dos hijos. Uno de ellos, David, de carácter compasivo y poca fuerza, decide acompañar al padre en el surrealista viaje (ya que no existe premio alguno). Y aquí inicia una odisea introspectiva hacia la figura de Will y cómo se ha relacionado con su esposa, hijos y antiguos amigos; por lo general esas relaciones han sido casi inexistentes y totalmente deficitarias. No obstante, existe un débil pero resistente hilo de conexión familiar. Y terminan juntándose los cuatro en el pueblo del que un día marcharon, a medio camino entre su punto de partida y Nebraska, para hacer frente a todas las problemáticas relacionadas con su familia y antiguas amistades, en pugna por el irreal premio.

La película centra casi todas sus virtudes en el desarrollo de sus personajes; muy humanos, muy desarraigados y con poco reconocimiento general de la propia vida. No obstante la película nos enseña el valor de la familia, por muy desestructurada y caótica que sea, ante la frialdad de un mundo que deja de lado lo que no brilla, lo que no encaja en el generalizado puzzle de la humanidad contemporánea.

Excelente diálogos, mejores silencios y una fotografía muy destacable en un blanco y negro abierto, con todo el peso narrativo imaginable.

Y es que la compasión y la ternura siempre son armas efectivas y necesarias ante el deterioro vital de las personas que no lograron dar luz especial a sus vidas.