Sunset Boulevard ★★★★½

"Yo soy grande, son las películas que se volvieron pequeñas"

Billy Wilder no pierde el tiempo con florituras y capta nuestra atención instantáneamente, merced a una primera secuencia donde terminamos encontrando a un hombre muerto flotando en una lujosa piscina. Sólo sabemos que alguien mató a ese hombre y la voz en off del propio cadáver empieza a narrarnos la peculiar historia de luces pasadas y sombras presentes que contiene esta historia, cristalizadas todas y cada una de ellas en la presencia de un personaje femenino para el recuerdo: Norma Desmond.

El narrador nos remonta 6 meses antes de su propio asesinato. Se trata de Joe Gillis, un joven guionista con poco éxito y muchas deudas. Una de ellas, la de su coche, le dirige directamente a la mansión de Norma Desmond casi por un asunto de azar. Al adentrarnos en la mansión de esta famosa actriz de cine mudo, incapaz de dar el salto con éxito al sonoro, podemos saborear las primeras cucharadas de decadencia que la envuelven. Un auténtico castillo anclado en un esplendoroso pasado, que se percibe demasiado lejano. Vive sóla con su fiel mayordomo y protector, Max Von Mayerling (ojo a la importancia de este personaje), escondida en esa mansión que hace las funciones de guarida y de caleidoscopio con destino a sus cálidos días de estrella rutilante del Hollywood de los años 20. Y es que los lujos y acopio de bienes materiales sólo tienen lustre cuando van acompañados de un presente reconfortante. Y no es el caso de Norma Desmond. Ella vive atrapada entre el recuerdo y la pesadilla; en una zona de inestabilidad emocional que la ha llevado a intentar suicidio en varias ocasiones.

La película describe a través de ella el dolor que inflige convertirse en un recuerdo; uno bueno, sí. Pero los recuerdos no reciben atenciones, ni agasajos, ni palmaditas en la espalda. En definitiva no reciben el néctar de las divas (y divos): el aplauso, la luz del foco, la atención del público... Sólo son estatuas de humo que levitan tristemente entre los mortales. En definitiva no deja de ser una feroz crítica al Star System hollywoodiense, muy dado a enterrar mitos con la misma facilidad que fueron creados. Pero también es una crítica a la humanidad en sí; poco protectora de quienes deben dar un paso atrás para dejarse invadir su espacio por nuevas estrellas. Más jóvenes, más bellas y con mayor poder de atracción. Una estrella atrae a sus planetas... pero cuando una estrella colapsa destruye todo a su alrededor, antes de desvanecerse definitivamente entre el polvo cósmico.

Joe Gillis queda atrapado con Norma y su mayordomo en la mansión. No tiene mejor lugar al que ir y, aunque ella parece autoritaria, realmente puede manejarla a su antojo. Así que pactan la estancia, de tiempo indeterminado, de Gillis en la lujosa casa. A cambio él deberá ayudar a rehacer un pésimo guión que ha escrito ella misma para que su buen amigo Cecille B. De Mille, quién más esplendor le arrancó en sus días de estrella absoluta, devuelva su quebrada piel a la luz del foco (20 años después).

En la película encontramos fases divertidas y alegres, gags cómicos, algo de pugna romántica por Gillis (entre Norma y una jovencísima y bella guionista), planos suaves y descriptivos, una fotografía que ensambla perfectamente la dualidad entre diferentes estados emocionales... Pero al final todo termina en la descripción de una trágica batalla: la de Norma por aferrarse a un sueño, a una bombona de oxígeno que la salve de sus fantasmas.

Sobra decir que la interpretación de Gloria Swanson es de una fuerza y calidad dramática incontenible. Creo que puedo afirmar con rotundidad que es una de las mejores interpretaciones que he visto en mi vida. La expresividad de sus facciones (como buena actriz de cine mudo), los altibajos de su voz; a veces dominante y poderosa, otras veces ahogada y derrotada. William Holden también hace un buen papel, pero ante la titánica labor de Swanson queda como un comparsa necesario a nivel narrativo.

Sobresaliente metacine, con múltiples referencias al cine clásico y varios cameos de prestigio: Cecille B. De Mille, Erik Von Stroheim, Buster Keaton...

No puedo cerrar esta review sin comentar la sobresaliente escena final de la película. Ha entrado directamente como un trueno en mi imaginario de la más alta calidad cinematográfica. Por esas escaleras baja una frágil muñeca de porcelana; pero también un monstruo ególatra.

"Yo soy grande; son las películas que se volvieron pequeñas".