Possessor ★★★½

En Possessor, la imitación es primordial para que Vos pueda realizar plenamente su trabajo; Brandon Cronenberg no necesita en ningún momento copiar a nadie, es un autor nato.

Las identidades se confunden y entran en crisis por la tecnología de suplantación, en la que nuestra protagonista se ahoga en un pozo de cuestionamientos sobre su existencia y su personalidad en el que ella ya no se logra distinguir de su huésped. Esto comienza como algo meramente conceptual, con el pasar de los minutos se traspasa a un plano totalmente literal a través de gestos, pausas, miradas y violencia entre Andrea Riseborough y Christopher Abbott.

Son estos complejos conflictos de personalidad los que, al final, sintetizan el objetivo de Cronenberg hijo: así como Vos aprende el comportamiento de las personas en las que debe de convertirse, ella necesita analizar y retomar el «ser» quien es en la realidad. Un debate existencial y humano del que su padre estaría muy orgulloso.

Omitiré la obvia flaqueza que pueda tener cualquier proyecto que venga de un director joven, porque vendría a ser un poco el mismo problema: la ambición a veces lo llega a sobrepasar, esto se ve en su últimos minutos que resuelven todo de un modo facilón. Aún así, Cronenberg hijo me llegó a caer mejor que su papá.

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